ACEITE DE PALMA Y SALUD

Desde hace unos pocos meses se ha iniciado una nueva revolución respecto al aceite de palma. Pero, ¿Conocemos como afecta su consumo a la salud?

Para dar respuesta a ésta pregunta, empezaré definiendo el aceite de palma. El aceite de palma es la sustancia extraída del mesocarpio de la palma, el fruto de una planta tropical, la palmera (Elaeis guineensis). Si tenemos en cuenta la composición nutricional de ésta, encontramos que el 50% corresponde a ácidos grasos saturados, el 40% a mono-insaturados y el 10% a poli-insaturados. Dentro de los ácidos grasos saturados el más abundante y principal componente del aceite de palma es el ácido palmítico, que supone el 44% de los ácidos grasos saturados, en el caso del aceite de palma.

Respecto a su efecto sobre la salud, debemos destacar que ha habido muchos estudios, con diversos resultados. Si se comparan una dieta rica en ácidos grasos insaturados con una rica en saturados, se observa que con la segunda se produce un aumento en el peso y en la cantidad de lípidos en el hígado. Junto con esto, el alto consumo de ácidos grasos saturados (ácido palmítico, entre otros), se ha relacionado con alteraciones en la microbiota intestinal. También producen un incremento del colesterol sanguíneo total, tanto del HDL, como del LDL. En resumen, eleva el colesterol, a su vez, aumentando el riesgo cardiovascular y la arterioesclerosis. Aunque haya evidencias del mal efecto que causan en la salud, hoy en día, no hay evidencias suficientes, respecto a la seguridad alimentaria, necesarias para que prohíban su uso. Se hace hincapié en que la grasa saturada hay que consumirla con moderación y es mejor que sean reemplazadas por ácidos grasos poliinsaturados.

Si el aceite de palma es consumido en crudo, tiene compuestos beneficiosos para la salud como son, los carotenoides, los tocoferoles, etc. El problema, está en el refinado que sufre para fines industriales, para modificarlo de modo que no tenga sabor, sea estable, sea blando, tenga un color claro, pueda ser sustituido por grasas “trans” y no se oxide tan fácilmente. A través de este proceso el aceite de palma consigue propiedades que en un consumo elevado son perjudiciales para la salud. Son muchos los productos en los que encontramos el aceite de palma, y estos son los más frecuentes: repostería, helados, margarinas, snack… en resumidas cuentas, gran parte de los productos refinados y bollerías industriales. Dado que hoy en día el consumo de este tipo de alimentos ha aumentado en una gran cantidad, es cuando se empieza a estudiar el posible daño que tiene sobre la población.

Lo recomendable sería reducir su consumo y para ello, lo conveniente sería llevar a cabo una dieta en la que el porcentaje de lípidos ingeridos fuese como máximo el 30% de la energía diaria ingerida, siendo el de las grasas saturadas como máximo del 10% e inferior del 7% cuando exista riesgo cardiovascular. Cabe destacar que habría que intentar reducir el consumo de ácidos grasos saturados, reemplazándolos por ácidos grasos insaturados. En resumen, sí que podemos consumir productos que contengan aceite de palma, pero debemos saber que su consumo ha de ser moderado u ocasional y que hay que intentar no abusar de ellos.

Mencionar en este sentido, que tanto a nivel estatal como europeo, se está intentando modificar las leyes que regulan las cantidades máximas permitidas en los alimentos, como es el caso del aceite de palma, reduciéndolas, para que no sea tan perjudicial para la salud.

Finalmente recordar, que desde un punto de vista dietético, habría que reducir el consumo de aceite de palma junto con el de otras grasas saturadas. Para ello, conviene sustituir estas grasas por ácidos grasos mono- y poli-insaturados. Es decir, el aceite de oliva virgen o virgen extra (fuente de ácidos grasos mono-insaturados como el ácido oleico) tendría que ser nuestra fuente de grasa principal, siguiendo con el estilo de vida y la Dieta Mediterránea. Como fuente de ácidos graso poliinsaturados encontramos los aceites de semillas (aceite de girasol), los pescados y los frutos secos. Aun así, hay que hacer hincapié en que el consumo de grasa diaria no supere el 30% de la energía total ingerida.

Bibliografía:

(1) Boateng L, Ansong R, Owusu WB, Steiner-Asiedu M. Coconut oil and palm oil’s role in nutrition, health and national development: A review. Ghana Med J 2016 Sep;50(3):189-196.

(2) Mancini A, Imperlini E, Nigro E, Montagnese C, Daniele A, Orru S, et al. Biological and Nutritional Properties of Palm Oil and Palmitic Acid: Effects on Health. Molecules 2015 Sep 18;20(9):17339-17361.

(3) Sun Y, Neelakantan N, Wu Y, Lote-Oke R, Pan A, van Dam RM. Palm Oil Consumption Increases LDL Cholesterol Compared with Vegetable Oils Low in Saturated Fat in a Meta-Analysis of Clinical Trials. J Nutr 2015 Jul;145(7):1549-1558.

(4) AECOSAN (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición) [Internet]. España; [citado 7 Abril 2017]. Disponible en:

http://www.aecosan.msssi.gob.es/AECOSAN/web/seguridad_alimentaria/ampliacion/aceite_palma.htm

Leire Mazquiaran