La ortorexia nerviosa, un término cada vez más común

En una sociedad como la actual en donde hemos pasado evolutivamente de la necesidad y la supervivencia al exceso de alimentos, en donde esa falta de necesidad y supervivencia ya no requiere del movimiento necesario para el que nuestro cuerpo fue diseñado, en donde gracias a los medios de transporte, los nuevos trabajos “de oficina” y al eco constante de la necesidad de una vida cada vez más “cómoda”, se ha desembocado finalmente en el desarrollo de una población más sedentaria. Este sedentarismo, paradójicamente junto al bombardeo constante del culto a la imagen, las redes sociales y una alimentación cada vez menos saludable, sienta las bases, junto con otros factores, para la aparición de nuevas patologías y enfermedades crónicas, así como de nuevos trastornos en la conducta alimentaria (TCA) entre los que ha ido ganando cada vez más terreno la ortorexia nerviosa. La mayoría de los expertos concluyen en que existe en la sociedad de clase media, una clara tendencia a la ortorexia nerviosa.

Pero veamos qué es la ortorexia nerviosa. El término “Ortorexia” procede del griego “ortho” que significa justo, correcto o recto y “orexia” que significa  apetito o apetencia, es decir, “apetito justo o correcto”. La Ortorexia Nerviosa (ON) por tanto, se caracteriza por la excesiva preocupación por una alimentación sana. Dicho así, puede sonar incluso como una conducta “buena”, pero cuando se convierte en una obsesión generando serios problemas psicológicos, sociales y nutricionales para quien la padece, la perspectiva cambia.

Estamos muy familiarizados con otros trastornos de la conducta alimentaria (TAC) como son la Anorexia Nerviosa y la Bulimia, sin embargo, aunque padecer alguno de estos TAC entre otros factores, podría ser el precedente para desarrollar Ortorexia Nerviosa, no existen los suficientes estudios que consideren la ON como un trastorno independiente de los que hemos nombrado anteriormente, ni tampoco existen evidencias aún como para considerarla independiente del trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad (TOC). Sin embargo, lo que sí está muy claro es que la ortorexia nerviosa va ganando terreno en un mundo donde la alimentación se va alejando cada vez más de nuestras costumbres ancestrales, con una tendencia a los alimentos más ricos en grasas y en azúcares volviéndose así menos sostenible.

La ON nace entre otras causas, como una reacción adversa a esta situación ya que el porcentaje de personas que optan por diferentes tipos de dietas que respeten esta sostenibilidad en cuanto a la explotación de los recursos, al maltrato animal o a los desperdicios alimentarios, así como el consumo de alimentos más “sanos” sobre todo de origen vegetal, es cada vez mayor. Sin embargo, queremos puntualizar que el problema no está en la elección de este tipo de dietas, sino cuando esta tendencia hacia una alimentación “pura” y “sana”, se convierte en una conducta obsesiva.  Si observamos las características de los trastornos alimentarios más conocidos como los que hemos nombrado anteriormente, la Anorexia nerviosa y la Bulimia, veremos que el factor preocupante para los afectados  es la “cantidad” de alimentos,  mientras que en la ortorexia nerviosa, es la “calidad” y procedencia de los alimentos.

Cabe destacar que todas estas nuevas tendencias en los hábitos alimenticios, están acompañadas también por la práctica de ejercicio físico paralelamente para poder llegar y mantener ese ideal de vida “sana”.  De esta manera surgen nuevos términos en torno a las redes sociales como el “fitspiration” donde se plantea la práctica del ejercicio físico y dieta saludable para conseguir la imagen de un cuerpo delgado, tonificado y sin grasa. El peligro en las redes sociales, reside en la mala interpretación de algunos conceptos y en fuentes de información no profesionales que pueden derivar en prácticas poco saludables conllevando estados de desnutrición y patologías futuras tanto en torno a la alimentación, como al ejercicio físico.

Según diferentes estudios, las personas más propensas a desarrollar ON, son aquellas que puedan haber sufrido otro tipo de trastornos alimentarios en el pasado, personas con trastornos obsesivo compulsivos de la personalidad, con tendencia al perfeccionismo y con un sentimiento de superioridad con respecto a los que no poseen sus mismas creencias. También pueden ser susceptibles de padecer ON, personas relacionadas con el mundo del deporte.

No resulta fácil estimar la prevalencia de la ON ni del resto de TCA debido a que los criterios para determinarlos son muy variables y heterogéneos. Sin embargo, se sabe que la incidencia de la ON en la población y sobre todo en la adolescencia tardía (estudiantes universitarios entre 20 y 24 años), es cada vez mayor, afectando, según los estudios más recientes tanto a hombres como mujeres por igual. Además, la ON es más propia de sociedades con un nivel económico medio-alto.

Como conclusión, debemos estar atentos a estas nuevas tendencias en la alimentación y ejercicio físico para prevenir carencias nutricionales y patologías futuras, poniendo especial atención en las fuentes informativas consultadas. Sería recomendable que si deseamos seguir una dieta vegetariana o vegana, así como otro tipo de dietas que restrinjan ciertos tipos de nutrientes, consultáramos con un dietista-nutricionista para asegurarnos de que no existan carencias en nuestra alimentación. Del mismo modo, si además queremos realizar ejercicio físico, sería igualmente recomendable consultar con un profesional o Licenciado en actividad física y deporte, para evitar el riesgo de lesiones y tener un aporte correcto de nutrientes para el desarrollo de nuestra actividad.

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Carmen Marchena Alonso

Licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte

Estudiante en prácticas de la Universidad Internacional de Valencia