Norma de calidad del pan

En general, el pan no es un alimento imprescindible en nuestra dieta, pero es cierto que está muy vinculado a nuestra cultura, y suele formar parte del acompañamiento de la mayoría de las comidas.

El pan integral se está volviendo cada vez más popular. Mucha gente se ha pasado a este tipo de pan porque es más beneficioso nutricionalmente, ya que el proceso de molturación al que se somete la harina integral permite conservar partes del grano que contienen micronutrientes y fibra, a diferencia de lo que ocurre con la harina blanca refinada.

El problema estaba en que hasta ahora era muy difícil encontrar un pan 100% integral de calidad. Los panes que se estaban vendiendo como integrales o que estaban siendo etiquetados con este distintivo, no cumplían los requisitos que en teoría debía cumplir un pan integral. Por ejemplo, incluían una mayor cantidad de harina de trigo refinada que de harina integral; o por el hecho de adicionarle salvado ya se etiquetaba como integral.

Esto, ha cambiado con la nueva normativa de calidad del pan, que entró en vigor el pasado 1 de julio de 2019.

La norma dice que únicamente pueden ser etiquetados como integrales aquellos panes que presenten un 100% de harina integral, y en el caso que tenga mezcla de harina integral y harina blanca, tiene que aparecer el porcentaje de harina integral que contiene el pan.

También, ocurre con los panes que son de harinas procedentes de distintos cereales. En el etiquetado debe mostrarse el nombre de los cereales que lo compongan, ya que si no puede llevar a confusión al consumidor y pensarse que está consumiendo un pan integral.

Al igual que el término de integral había perdido todo su valor por el mal uso del mismo por parte de la industria, el término masa madre también se había visto denostado. Es por esto, que la nueva legislación define pan con masa madre a aquel que limita el uso de levaduras industriales.

Otra de las modificaciones que ha presentado esta nueva normativa, es una reducción de la sal del pan. Se ha visto que una de las principales fuentes de sal de la dieta de los españoles es el pan. El elevado consumo de sal puede llevar a desarrollar enfermedades como hipertensión, enfermedades cardiovasculares o cerebrovasculares. Por esto, se establece un límite  máximo de 1,31 g de sal por cada 100g de pan.

En conclusión, parece que la entrada de esta nueva normativa garantiza el consumo de un pan de mejor calidad y más nutritivo. Además, de ayudar al consumidor a tener una información más clara del pan que está consumiendo y poder tomar así las decisiones sobre que pan compra o no.

 

Marta Aparicio Muñoz

Estudiante en prácticas de la Universidad Complutense de Madrid