COLIFLOR

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COLIFLOR
Algo parecido a lo comentado semanas atrás en estas páginas sobre el tomate sucede con la coliflor, y en general con todas las demás hortalizas pertenecientes al género Brassica, como el repollo (también conocido como col o berza), el brécol o brócoli, los repollitos o coles de Bruselas y el romanesco.Y es que todas estas crucíferas se han convertido, con todo merecimiento, en una de las “vedettes” de los alimentos en cuanto a beneficios para la salud se refiere, atribuyéndoles, incluso, propiedades protectoras contra algunos tipos de cáncer. De las variedades mencionadas, la coliflor y el repollo son las más importantes en cuanto a producción y consumo se refiere. Se cree que la coliflor es originaria de Asia. Hay referencias sobre su cultivo en Italia y de su posterior difusión durante la época romana en distintas zonas del Mediterráneo. En la coliflor, a diferencia del repollo -de ahí su nombre-, la parte comestible es la flor, que contiene sustancias azufradas, responsables del olor característico que desprende cuando se cocina. Entre las características que deben de tener las inflorescencias de esta col destacan: el color blanco, el grano fino, la buena compacidad y su típica forma regular. En cuanto a su tamaño y al margen de las minicoliflores (muy de moda en la actualidad por su mejor adaptación al empaquetado y al congelado y que se consiguen con una mayor densidad de plantas por m2), decimos que la coliflor es pequeña cuando pesa de 600 a 800g; de tamaño medio cuando está entre 800 y 1000 gramos y grande cuando cada pieza pesa de 1 a 1,5 kilos. Su producción y su consumo son de gran importancia a nivel mundial, destacando China y la India con producciones anuales por encima de los cinco millones de toneladas. Después se sitúan tres Estados miembros de la Unión Europea: Italia con medio millón de toneladas, seguida de Francia y España con casi cuatrocientas mil; a continuación Estados Unidos con trescientas sesenta mil. El calendario de nuestras producciones de coliflor va desde octubre hasta mayo, siendo los meses de diciembre y enero el periodo en que más se comercializan. Andalucía es la Comunidad Autónoma que más la produce, seguido por La Rioja, Valencia y Murcia. De toda la producción, el 30% se destina a la industria transformadora, un 20% se exporta y el 50% restante se distribuye en el mercado nacional, destacando los consumos de catalanes (2,4 kg/hab y año), vascos (2,2 kg/hab y año) y navarros (1,95 kg/hab y año). La media del conjunto nacional es de 1,55 kg/ hab y año. Entre los menos consumidores se encuentran los canarios (0,55 kg/ hab y año) y los extremeños (1 kg/hab y año). (Encuesta Nacional de Nutrición y Alimentación, INE). Como sucede con muchas verduras, conviene no interrumpir la cadena de frío y conservar la coliflor en ambiente húmedo desde que se recolecta hasta que se consume, procurando que ésta mantenga el color blanco y la frescura de las hojas. Asímismo conservaremos mejor su contenido en vitamina C (67 mg/100g), fundamental por ser la hortaliza que más ácido ascórbico nos aporta después de los pimientos (131 mg/100g). También tiene un alto contenido de agua (92,4%) e incluye en su composición: proteínas (2,2 g), hidratos de carbono (3,1 g), fibra (2,1 g), calcio (22 mg), potasio (350 mg), carotenos (30 microgramos), niacina (1,3 mg) y cantidades importantes de ácido fólico (69 microgramos). Por su poco aporte calórico (22 kcal/100g) y mucho volumen, la coliflor es muy apropiada para incluirla en las dietas de adelgazamiento. (Datos referidos a 100g de porción comestible, “Tablas de composición de alimentos” O. Moreiras et al.)
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