EL PIMIENTO

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EL PIMIENTO
El pimiento, también conocido en otros países americanos de habla hispana como chile o ají, es una planta procedente de América, al igual que el maíz, la patata o el tomate, estas dos últimas de su misma familia, las solanáceas. Hay muchas especies de pimientos, dando lugar a diferentes formas, colores y usos del fruto. Los hay de color rojo, amarillo o verde y con muy distintas tonalidades. Pueden ser alargados, redondos o cuadrados; grandes, pequeños o medianos. Entre los distintos aprovechamientos cabe destacar que algunas variedades se utilizan, por su atractivo, como ornamentales, aunque el principal uso es para la alimentación humana, bien como alimento, como condimento o como colorante, cual es el caso del pimentón. El pimentón de Murcia, que cuenta con Denominación de Origen (D.O.), resulta de la molienda de pimientos rojos del género Capsicum Annum L., variedad “Bola”, que en un principio eran alargados y picantes pero que en esta región mediterránea, por su clima y por las técnicas de cultivo empleadas, se han redondeado y han pasado a ser dulces. La D.O. pimentón de la Vera utiliza pimientos de la variedad “Ocal”, siendo el cultivo hortícola más tradicional de Extremadura y la más antigua de las hortalizas procesadas industrialmente. Otra variedad que destaca por su calidad y por su peculiar sabor, y que goza también de la protección que una Denominación de Origen otorga, son los pimientos del piquillo de Lodosa, que se caracterizan por su forma plana-triangular en dos caras, punta incisiva, color rojo y fruto poco pesado y pequeño, de unos 8 cm de largo. En Galicia, junto con los pimientos de Arnoia (de color verde claro, bastante grandes y ninguno picante), los más conocidos son los pimientos de Padrón. Estos pimientos, cuando su tamaño es pequeño, son verdes y alguno, picante; pero cuando crecen, se tornan de color rojo y todos ellos pican. Y así podríamos seguir por toda la geografía española, con distintas variedades, formas de cultivo y de conservación, y que en cada región los hacen peculiares, surgiendo en torno a ellos cofradías donde sus miembros les rinden culto. Pero si variada es su naturaleza, también lo es la forma de consumirlos, ya que se pueden comer: solos o como guarnición; crudos, fritos, cocidos o asados; rellenos de carne o de pescado; en conserva, etc. Los mayores consumidores son los riojanos, con 6,5 kg/hab y año, seguidos por los andaluces y por los vascos con 5,2 kg/hab y año respectivamente. La media nacional es de 4 kg/hab y año, situándose por debajo de ella, los valencianos, los catalanes, los murcianos, los asturianos y los madrileños. Los menos consumidores son los cántabros (1,8 kg/hab y año) y los canarios (2,2 kg/hab y año). (Encuesta Nacional de Alimentación y Nutrición, INE) Desde el punto de vista nutricional, destacan por su alto contenido en vitamina C (131 mg/100g), más del doble que la naranja (50mg/100g), el kiwi (51mg/100g) o las fresas y frambuesas (60mg/100g), aunque hay que señalar que al cocinarlos, por ser la vitamina C termolábil, algo de ella se pierde. Al tener el 94% de agua, 1,5 g de proteína, 1,4g de hidratos de carbono y no tener apenas grasas (0,3g), son muy poco energéticos. El contenido en fibra es de 1,5g y en cuanto a minerales, tienen calcio (12 mg), hierro (0,5 mg), potasio (210 mg), magnesio (11 mg) y muy poco sodio (2 mg). Del resto de vitaminas, destacar la vitamina A (94 microgramos) y los carotenos (564 microgramos). (Datos referidos a 100g, Tablas de composición de alimentos, O. Moreiras et. al).
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