LA PERA

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LA PERA
En el mundo occidental las frutas que más se consumen son las pertenecientes a la familia de la rosa. Las rosáceas engloban el albaricoque, la almendra , la cereza, la frambuesa, la fresa, el melocotón, el membrillo, el níspero, la zarzamora, la ciruela... y por supuesto, la manzana y el fruto que nos atiene: la pera. Pertenece al género Pyrus y se conocen más de 5000 variedades. Es originaria de Europa y Asia Occidental. En China se considera símbolo de pureza, larga vida y justicia; en Europa representa bienestar. Fueron los romanos los que extendieron su cultivo por todo su imperio, y una vez descubierta América, fueron los ingleses y franceses quienes se encargaron de introducir su cultivo en Norteamérica. Y es que, además de su fruto, los perales suministraban una bonita madera muy apreciada para la talla de útiles y herramientas. Hoy en día, es uno de los cultivos más comunes de las regiones templadas del planeta. La pera es, sin duda, uno de los frutos estrella del invierno. No obstante, al igual que la manzana, se encuentra en el mercado prácticamente durante todo el año, ya que se conserva muy bien en cámaras frigoríficas. Su sabor dulce, suave y tan agradable hace que sea imprescindible como fruta de mesa, y por supuesto también se consume almibarada, como mermelada, en ensalada, como compota, al vino, asadas al horno, o como guarnición acompañando a numerosos platos. Hay muchísimas variedades en nuestro mercado: la blanquilla o pera de agua, la acidulada pera limonera, la apreciada ercolini, la redondísima mosquerola, la pequeña pera de San Juan, la delicada comice... Su forma oscila desde la de una bombilla hasta casi redondas. Su textura también es variada, las hay compactas y jugosas, blandas y harinosas... La piel suele ser verde, aunque también las hay pardas, amarillas y en ocasiones rojizas. El verde característico es debido a la clorofila, que enmascara la presencia de otros pigmentos. En algunas especies de perales, al madurar el fruto, la clorofila va desapareciendo y deja a la vista los antocianos que proporcionan al fruto esos colores rojos y amarillentos antes mencionados. Su pulpa en cambio, siempre será blanca o amarillenta. En su interior alberga las semillas, que serán cuatro o cinco, de color negro. La pera es muy rica en agua y su aporte en azúcares es del 13%, tienen buenos niveles de vitaminas (ácido fólico y B2), ácidos orgánicos, taninos, fibra y minerales, como el potasio, fósforo. Su aporte energético es bajo (41 Kcal/ 100g de porción comestible) y su contenido en lípidos es nulo por lo que siempre será una sana opción para “picar entre horas”. La presencia de fibra siempre será buena para estimular la actividad intestinal y mantener los músculos intestinales en forma. Eso sí, debemos tener en cuenta que la mayoría de la fibra de la pera se encuentra el la piel y las pepitas. Las peras son digestivas, depurativas, remineralizantes y sedantes. También son ligeramente astringentes por lo que en caso de diarrea son recomendables. Se le atribuyen, asimismo, propiedades diuréticas por lo que en caso de hipertensión y retención de líquidos serán ideales. Para su correcta conservación y manipulación en el hogar no hay más que liberarlas de cualquier envoltorio de plástico para permitirles respirar, guardarlas en lugares frescos, secos y protegidos de la luz, y también evitar que las piezas con roturas estén en contacto con las demás. Si se quiere retrasar el proceso de maduración basta con guardarlas en la parte baja del frigorífico, pero más de tres días no es recomendable.
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