VINO Y NUTRICIÓN

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VINO Y NUTRICIÓN

Cuando hablamos del vino, nos referimos a un producto muy antiguo que despierta un gran interés en la actualidad. Comencemos diciendo que resulta un placer comprobar para los que tenemos la fortuna de vivir en los países del vino esta vigencia hoy, aún con más fuerza si cabe. De forma paralela a la expansión del cultivo de la vid y en el consumo del vino, entendimos los humanos el placer que lograba con su bebida, al permitirle convivir y disfrutar con los más cercanos y acercarle a los hasta ese momento algo más lejanos. Y ese disfrute lo expresó en las artes: desde la poesía hasta la pintura, y casi no entenderíamos la historia de la pintura sin poder observar cómo se ha ido plasmando la propia belleza de la planta, la vid, el racimo, la uva, el zarcillo, la viña, el ambiente del cultivo, y cómo no, las costumbres y las situaciones festivas y rituales derivadas de su consumo.



Resulta muy interesante recordar algunas declaraciones que se produjeron dentro del “IV Congreso Mundial de la Gastronomía y del Vino”, celebrado en nuestro país en el año 2002: “El vino es una fuente de tradiciones y costumbres que caracterizan a las sociedades locales, regionales, nacionales y, a veces, incluso internacionales. El vino ayuda a la convivencia y concede calor a la hospitalidad. El vino es cultura. Esta bebida noble ha inspirado a poetas, escultores, músicos y pintores, cuyas obras suponen un rico patrimonio cultural, muy especialmente en la llamada Europa del vino”. Y más aún….”Existen valores de la vid y del vino que deberían ser motivo de urgente protección. Por una parte, la existencia de territorios vitivinícolas antiquísimos en zonas de montañas y en islas europeas, en laderas pendientes y en terrazas, de cultivo muy difícil, suponen un gran valor histórico, cultural, paisajístico, económico y turístico”.



Todo lo anterior no significa que el vino no sea un producto controvertido, sobre todo en lo que se refiere a su relación con la salud. Y no es algo nuevo, ya Hipócrates y Galeno expresaron opiniones prudentes y benevolentes acerca de los posibles beneficios que podrían derivarse de un consumo moderado de vino. Nos acercamos al consumo del vino habitualmente invitados por el placer que supone su bebida, y siempre dentro de un marco de consumo moderado e inteligente. Ciertamente no olvidaremos que estamos ante una bebida alcohólica, y que de su abuso indudablemente derivaran serios problemas, pero también conviene resaltar que el vino no es sólo una simple mezcla de agua y alcohol en diferente proporción. Todo lo contrario, la compleja composición del vino es, también, resultado de su compleja producción y evolución, lo que en términos prácticos nutricionales significa la presencia de una amplia mezcla de micronutrientes y componentes no nutritivos de interés nutricional. Actualmente, la asociación de los conceptos vino y nutrición no despierta el rechazo que había en el pasado, por su contenido en alcohol. Y es que nos hemos acostumbrado a ver reflejado en los medios de comunicación lo que la investigación ha ido comprobando, las menciones a los diversos beneficios del consumo moderado, mantenido e inteligente de vino, lo que sin duda tranquiliza al productor, pero también al consumidor. Hoy todos tenemos la acertada idea de que este tipo de consumo de vino es una suculenta forma de protección frente a una serie de enfermedades que nos preocupan y tememos, desde las cardiovasculares y el cáncer, hasta las emergentes enfermedades neurodegenerativas como es el caso de la enfermedad de Alzheimer. Existen evidencias epidemiológicas que correlacionan la mayor supervivencia de algunas poblaciones, en particular la menor incidencia de patología cardiovascular arterioesclerótica, con el consumo moderado de vino, y también con el consumo elevado de frutas y verduras. De hecho las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares son mucho más bajas en España o Francia que en otros países industrializados como EE.UU. y Gran Bretaña. Esta diferencia se produce a pesar de que los niveles de grasa saturada en la dieta son similares y también son similares los niveles de colesterol plasmático. Esta situación se conoce como la paradoja francesa de la enfermedad coronaria arterioesclerótica.



El estudio de otros factores de riesgo como presión arterial, obesidad y tabaquismo no explican la diferencia. La explicación propuesta se relacionó con la dieta propia de las poblaciones francesas, dieta de tipo Mediterráneo (poca mantequilla, y mucho pan, verduras, frutas, queso, grasa vegetal y vino). En particular, se atribuyó un papel clave al consumo de vino, entre 270 y 400 ml diarios. Y es que no existe duda que una alimentación ordenada y equilibrada tiene cada vez un papel más importante en la medicina preventiva. Recordemos que el vino es un producto de la fermentación alcohólica de mosto de uva sana y madura. A veces, se discute su consideración como alimento, aunque reúne todos los requisitos para considerarlo como tal, de acuerdo con el Código Alimentario Español y la Ley de la Viña y el Vino del 2003.



En los países productores de vino se observan hábitos más saludables y es más, se puede afirmar en la actualidad que los hábitos más saludables se detectan precisamente en las regiones productoras. Desafortunadamente, en España en los últimos años ha descendido el consumo de vino en beneficio de otras bebidas alcohólicas. Y precisamente, coincide con un alejamiento de los patrones de la Dieta Mediterránea tradicional.



Y volviendo a nuestro Código Alimentario Español, lo define como fruitivo, es decir, que no se consume, sino que se degusta y se disfruta…

Nota: "Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la posición de la Fundación Española de la Nutrición, y son responsabilidad exclusiva del autor/es".

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