Hasta no hace mucho tiempo la alimentación se relacionaba esencialmente con la salud y eran conocidos los problemas ocasionados por un exceso o defectos de las dietas. De una manera muy general se pensaba que los problemas de los países pobres eran el hambre o la desnutrición, mientras que los derivados de la sobrealimentación correspondían a las naciones desarrolladas.
Esta idea clásica tiene que ser reconsiderada en la actualidad. Es cierto que la desnutrición sigue siendo el gran problema de los llamados países en desarrollo, pero empezamos ahora a conocer cómo en los países ricos, y precisamente como consecuencia de las formas de vida actuales, se dan alarmantes situaciones de desnutrición. No se trata en estos casos de falta de alimentos sino de cambios en los hábitos alimentarios. Por ejemplo, las desnutriciones provocadas por el consumo de dietas con objetivos puramente estéticos, tratando de mantener el llamado << peso ideal >>, con las que si bien se consigue el objetivo buscado por ingerir menos calorías, al mismo tiempo se producen situaciones de desnutrición respecto de otros nutrientes.
El anterior ejemplo pretende resaltar la influencia de nuestras formas de vida en nuestra nutrición. Es obvio que ésta tiene un marcado componente social y cultural. No solamente las ideas estéticas a las que nos acabamos de referir sino también otros muchos factores ligados a nuestra forma de vida actual influyen en ella.
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